Home | Blogs | Foros | Registrate | Consultas | Lunes 19 de agosto de 2019
Usuario   Clave     Olvidé mi clave
     
Ir a la página de inicioIr a los Blogs
Mi Perfil
Mónica Elisabeth Sacco
La Falda - Argentina
Porteña emigrada al interior, escribo cuentos y novelas policiales por el placer y el desafío intelectual de hacerlo. A caballo de dos siglos, amo la ópera, el ballet, el jazz y el R&B, aunque gracias a mi hija adolescente descubrí a Coldplay y Oasis, entre otros. Leo ciencia-ficción (Clarke, Herbert, Asimov, Sturgeon, LeGuin, Cherryh, Silverberg, Dick, Smith...), policiales (Poe, Camilleri, Hammet, Chandler, Manning, Doyle,Martin, Borges, Bioy Casares...), los viejos y queridos clásicos y hasta las páginas amarillas en caso de emergencia.
Archivo de entradas | Mostrar datosDesplegar
Ocultar datos Noviembre 2010
Comisario Martello - CAPITULO 19
Comisario Martello - CAPITULO 17
Comisario Martello- CAPITULO 18
Comisario Martello - CAPÍTULO 15
Comisario Martello - CAPITULO 16
Mostrar datos Septiembre 2010
Mostrar datos Agosto 2010
Mostrar datos Julio 2010
Mostrar datos Junio 2010
Mostrar datos Mayo 2010
Mostrar datos Abril 2010
Mostrar datos Noviembre 2009
Mostrar datos Marzo 2009
Mostrar datos Enero 2009
Mostrar datos Diciembre 2008
Escuchá Radio De Tango

Últimos comentarios de este Blog

04/02/11 | 17:03: MONINA dice:
Hola, te felicito por todo lo que expusiste, todo me gustó mucho, me encantaría contar con vos en mi grupo de amigos, es por eso que te invito, puedes promocionarte exponiendo tus poesías o escritos o tus sentimientos o tus sueños, te elegí además por ser de Argentina, me encanta valorar a nuestros poetas argentinos, no escribo pero me gusta leer poesías, reflexiones, frases, cuentos, relatos, textos breves, de todo un poco, por eso si querés formar parte de mi grupo de amigos: “PUNTO DE ENCUENTRO AMIGOS DE BS.AS”, si gustás conocernos, también podés decirle a alguien de tus conocidos o amigos, si quieren ser nuestros amigos y al igual que a vos si quieren mandarnos algo sobre:"El Verano", "Las vacaciones", "La playa", "El mar", "La Amistad", "Los Amigos", "El amor", "Estar enamorada" o que tengan que ver con estos temas y quieran además tener nuevos amigos, tener una linda amistad duradera, fiel e incondicional, si apostás a la Amistad y aceptás comprometerte con ella, te invito a que transites nuestro camino de la Amistad con nosotros a cambio te ofrecemos toda nuestra amistad, estar en las buenas como en las malas, ser una buena compañía a través de mensajes, Chat o en encuentros de grupo en salidas varias, nuestro lema es: “Unirnos por la Amistad” Creemos que es un pequeño y humilde aporte para “La Paz en el Mundo”, dale aceptás? Te estaremos esperando con toda la buena onda y amistad por siempre y yo con los brazos abiertos virtualmente y quizás algún día en persona para darte la bienvenida! Yo soy de Temperley, Buenos Aires, psicopedagoga Coord.Gral.: MONINA Para Suscribirse: puntodeencuentroamigosdebsas-subscribe@gruposyahoo.com.ar
19/09/10 | 10:36: Silvi dice:
¡Me encanta Martello!
19/09/10 | 10:32: Jorge dice:
Muy buena la novela y el reflejo de la sociedad provinciana. ¿Vas a editarla?
Vínculos
Policial Argentino: El altillo de la Novela
Policial Argentino
Meridiana
Palabras Escritas Vol. 3 Palabras Escritas Vol. 3
Revista de Integración Cultural

Dedicado a Augusto Roa Bastos cumpliendo su sueño "Palabras Escritas" se ... Ampliar

Comprar$ 25.00

Escuchá Radio De Tango

AquellosPoliciales


Cuentos y novelas: clásicos, negros, humorísticos, pero siempre policiales


Escribí un comentarioEscribí tu comentario Enviá este artículoEnvialo a un amigo Votá este artículoVotá este texto CompartirCompartir Texto al 100% Aumentar texto

El hombre de los ojos negros



El padre Rojas salió del hospital con una sensación extraña en el estómago. Me estoy muriendo. No tenía miedo a morirse pero el dolor lo asustaba. Mucho. No poder soportar el dolor y pedir piedad y calmantes a gritos. Perder el pudor entre sábanas manchadas con su propios tristes e inicuos fluidos.

Se sentó en la plaza a observar a los que tomaban sol, jugaban a la pelota  o esperaban pacientemente al pie de la calesita. Reconoció a unos cuantos habituales de los domingos, a otros menos de los sábados, y a muchos más que ni pisaban. Conocía más hipócritas entre los habituales que entre los que lo saludaban por la calle nada más que porque llevaba un ropaje identificable. ¿Cuáles se compadecerían de su sufrimiento? ¿Cuántos irían a preguntar por él durante su agonía, en voz baja, de pie junto a la puerta y sin atreverse a sentarse? Él nunca había abandonado a un moribundo. Cierto que tampoco se había sentado: no le había parecido una actitud correcta por parte de alguien con su investidura. Pero ahora, ¿quién se acercaría a recibir su último aliento? La muerte espanta. Sin embargo, la muerte siempre se portaba bien. Aquéllos a quienes había acompañado se habían ido en paz.

Y ahora él, precisamente él, tenía miedo de no poder hacerlo. De que el dolor lo enajenara hasta el punto de no querer dejarse ir en los brazos de su amorosa muerte, que lo recibiría como una madre que consuela a su hijo. Su espíritu preparado durante tantos años, insistía en que era sólo un paso más. Pero el cuerpo, ¡ah, el cuerpo!, temía. Se levantó del banco de piedra y emprendió el camino de vuelta a casa.

— Señor… Señor…— una voz infantil lo detuvo.

Hacía tanto que era nada más que “padre” que no había comprendido que lo llamaban a él. El chico tendría unos doce años, la ropa rotosa y sucia; los ojos negros, desfachatados y brillantes. Murmuró una bendición y metió la mano en el bolsillo para darle una limosna. El chico no tendió la mano y miró con altivez la moneda.

— Ese señor de allá — señaló un bar en la esquina de enfrente —, quiere hablarle.

Intentó discernir el rostro semioculto por la penumbra del local, pero a esa distancia y con sus ojos cansados se le hacía difícil.

— ¿Quién…? — no pudo completar la pregunta: el chico ya no estaba.

Desde la ventana del bar, alguien le hizo señas con la mano. Cruzó la calle y entró. Nunca había entrado a ese lugar. El hombre se puso de pie cuando él se acercó. Nunca lo había visto, estaba seguro, pero el tipo le sonrió familiarmente.

— Siéntese, ¿quiere un café? ¿Algo fuerte? Ya sé que Ud. no toma, pero dadas las circunstancias…¿Un whisky? — sin esperarlo, le hizo señas al mozo, que dio media vuelta sin hablar y volvió con dos vasos servidos.

— No soy de tomar…— dijo el padre con timidez—.Bueno, un poco de vino a veces…

— Vamos, vamos. Le va a venir bien — insistió el desconocido,dándole un buen sorbo a su trago.

El padre Rojas bebió. Tiene los mismos ojos que el chico… ¿Será el padre? El alcohol le alegró el pecho. No está mal esto, nada mal, pensó y sorbió otro trago.

— Aunque no me crea, es mi primera vez con el whisky— esbozó una sonrisa triste.

— Bueno, uno se muere una sola vez— dijo el otro—. Hay que probar de todo.

La frase le sonó rara. ¿No habrá querido decir que se vive una sola vez?

— Así que no anda bien— atacó el hombre con decisión.

—A todos nos toca— pueblo chico, infierno grande. Ya se enteraron todos…

— Por supuesto. El asunto es cómo nos toca — insistió su anfitrión.

Otro trago de whisky lo hizo relajarse en la silla.

— Disculpe la descortesía, pero no recuerdo haberlo visto antes por acá— dijo el padre mirando a los ojos negros y brillantes.

— Qué raro, porque ando siempre por todas partes— respondió el otro—.De hecho, nos hemos cruzado en unas cuantas oportunidades, Ud. y yo.

No podía recordarlo. ¿Será uno de los síntomas del final?, se preguntó asustado. El médico no había dicho nada de pérdida de la memoria… ¿o lo había dicho y…? Desvió la mirada de los ojos burlones y su propio gesto de cobardía lo irritó.

— ¿Qué quiere? — preguntó, abandonando toda cortesía.

  Ayudarlo.

— Nadie puede ayudarme— retrucó con amargura.

— Para ser un hombre de fe, le queda bastante poca— el otro lo chicaneó.

— No es una cuestión de fe sino de salud. Me…

— Se está muriendo. Y tiene miedo, como cualquier ser humano. ¿Qué se creía, que la sotana era una armadura?

— ¡No le tengo miedo a la muerte!— tragó furioso el fuego líquido del vaso.

— Le tiene miedo al sufrimiento físico. Es humano. ¿Acaso Cristo no imploró en la cruz? — la voz le llegó como seda a los oídos. Bebió otro sorbo del whisky que parecía no acabarse nunca. El alcohol se le disolvió garganta abajo con una llamarada reconfortante. “Padre, por qué me abandonaste”...

— “¡Padre! ¿Por qué me abandonaste?” ¿No dijo Él eso? — el tipo le leía la mente.

Sacudió la cabeza. Si el Hijo de Dios había sufrido por toda la Humanidad, ¿quién era él para implorar no padecer? Bebió como si beber le ahogara el miedo.

— Era Su misión...No podía evitarse…— murmuró sin apoyar el vaso. Bebió de nuevo.

— Siempre puede evitarse. Sufrir es innecesario y poco edificante. ¿A cuántos moribundos escuchó maldecir y odiar a causa del dolor? El sufrimiento acaba con la dignidad. ¿O le parece digno que le pongan catéteres y sondas y que lo enchufen a una máquina que mantiene una asquerosa imitación de vida mientras sus células se retuercen en agonía?

El tipo acababa de describir la suma de todos sus terrores. No temo morir, le temo...

— Yo puedo ayudarlo — la voz era insistente, apremiante y llena de promesas.

— ¿Cómo?

— Una transacción.

Miró a su interlocutor directamente a los ojos por primera vez. Pozos oscuros, insondables. Creyó ver aletear en ellos su propia estéril esperanza.

— No tengo nada que ofrecer— murmuró.

— Sí que tiene.

— ¿Me va a comprar el alma?— restalló con osadía etílica.

—¿Quién quiere comprar almas?— el otro largó una carcajada estentórea— ¿En qué bolsa cotizan, en la del Vaticano? ¡No sea ridículo!

La respuesta lo desconcertó.  Me parece que estoy haciendo un papelón…

— Puedo ayudarlo, hablo en serio. Tiene precio, por supuesto, pero Ud. puede pagarlo.

— Hable.

El hombre habló. Quería la reliquia. Tenía gente que pagaba muy bien. A cambio, le ofrecía la oportunidad de no sufrir. Sacó una valijita de debajo de la mesa. Morfina. Dopamina. Opio. Sería un final bello y elegante. Podría arreglar sus asuntos y elegir el momento. Lo encontrarían dormido en su propia cama, con su dignidad intacta.

— Es suicidio…Pecado mortal — balbuceó el padre. Bebió un trago y después otro, y otro más.

— Entonces use la morfina para no sufrir. No querer sufrir no es pecado mortal, ¿no?

El padre Rojas miró al hombre de ojos negros largamente. Sonaba tan razonable…

— Si se decide, ya mismo puedo hacerle una entrega. Le va a durar un mes, más o menos y después, vemos cómo se siente.

El padre asintió con los ojos cerrados.

Un mes después, el hombre de los ojos negros leía las noticias policiales en el bar frente a la plaza. El padre Rojas se había suicidado en el calabozo donde estaba detenido,  en medio de un escándalo por tráfico de drogas. Gracias a una denuncia anónima, se habían encontrado importantes cantidades de morfina y otros narcóticos en la vivienda del sacerdote y en un escondite en la sacristía. En el cuerpo del occiso había rastros de droga. El médico de cabecera del padre hacía un mes que no trabajaba en el hospital zonal, pero su reemplazante respondió telefónicamente a los periodistas: de la historia clínica del sacerdote surgía que estaba en perfecto estado de salud. No había ninguna indicación sobre la adicción, aunque bien podría tratarse de un caso de secreto profesional.

La desaparición de la reliquia de la época de la conquista española fue incluída en la causa como prueba de que el padre Rojas la había usado para pagar por los narcóticos que consumía. Algunos miembros de la parroquia testimoniaron a la prensa lo extraño y desmejorado que habían notado al padre en los últimos tiempos.

El hombre tiró el diario en una mesa, levantó el maletín y salió. Miró hacia la iglesia y haciendo un gesto obsceno murmuró:

— Cobarde.


Calificación:  Malo Regular Bueno Bueno - 2 votos  - Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
12/03/09 | 08:28: Alejandro dice:
Existen los diferentes - dice: Interesante... el Alter Ego fue vencido por su otra mitad: Dios
bitacora52@hotmail.com
 
08/03/09 | 11:59: Ciro dice:
Mónica, leí tu cuento El hombre de los ojos negros. Me pareció inquietantemente bueno. Digno de algunos ajustes para ser publicado en alguna antología. Te invito a leer el mio Cementerio colonial, en mi blog: Aldebaran. No es del todo habitual en estos sitios encontrar escritoras que incurran en el género policial o de suspenso, ya que parece una especialidad reservada a los hombres. Así que te felicito, y de paso: feliz día (aunque el hecho que se conmemora sea el recuerdo de algo terrible).
cirovicen@gmail.com
 
17/02/09 | 11:52: Mónica dice:
¡Gracias, Suletrasmonte! Qué bueno que te diviertas leyéndolos tanto como yo me divierto escribiéndolos. Un abrazo, Mony
monicasacco@gmail.com
 
16/02/09 | 14:32: suletrasmonte dice:
Me gustó mucho el cuento, me lo devoré. Me causó gracia la pérfida muerte encarnada en el señor del bar. Y me encantó la analfabeta de tu hija. (analfabeta como todas las adolescentes que sin embargo se sienten orgullosas de sus "cultas" madres.
cavallerosu@hotmail.com
 
14/01/09 | 21:43: Lola dice:
hola mamassaa! soy tu hija jaja, como ya sabras, la verdad día a día me sorprendes má. Sos increible escribiendo, tus cuentos tienen esa magia, ese toque de picardia, de alegria, de tristeza pero no una tristeza del todo mala, una con sonrisas en el medio, te mereces todo lo mejor mamá, sos bárbara, una excelente escritora y una mejor mamá.segui así que vas a llegar muy lejos, Te Amo Má. tu hija ( la analfabeta)
soi.requetecania@hotmail.com
 
Últimas entradas del mes
28/08 | 17:29 Comisario Martello - CAPITULO 12
28/08 | 17:27 Comisario Martello - CAPÍTULO 11
14/08 | 19:26 Comisario Martello - CAPITULO 10
14/08 | 19:25 Comisario Martello - CAPITULO Nº 9


Radio La Quebrada Radio de Tango Indexarte Escribirte OccidentesEscuchanos
Noticias | Efemérides | Novedades | Ventas | Biografias | Textos | Audio | Recomendados | Entrevistas | Informes | Agenda | Concursos | Editoriales | Lugares | Actividades | Blogs | Foros | TiendaFundación | Letras de Tango I | Letras de Tango II | Contacto | Boletín
© 2006-2019- www.escribirte.com | Todos los derechos reservados   | Diseño Web | Canales RSSRSS